En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía para fomentar la conciencia pública sobre el tema, así como también la puesta en acción de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) en aquellos países afectados ya sea por graves sequías, por desertificación, o por ambas, en particular en África.

Aproximadamente 1.500 millones de personas en todo el mundo viven en tierras que están en proceso de degradación, y casi la mitad de los habitantes más pobres del planeta (un 42%) sobreviven en zonas ya degradadas. La degradación de las tierras convierte a estos lugares en los más inseguros del mundo. En algunos casos, esta inseguridad puede llegar a desestabilizar regiones enteras.

Aunque estos territorios pueden parecer lejanos a aquellos que viven en ciudades o en países desarrollados, los efectos del sufrimiento de estos seres humanos repercuten en todo el mundo. Se estima que en 2020 unos 60 millones de personas emigrarán desde las zonas desertificadas del África subsahariana hacia África del Norte y Europa.

El objetivo de este año es concienciar acerca del potencial de la adaptación basada en los ecosistemas, es decir, la conservación y mejora de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos para incrementar la resiliencia ecológica y reducir la vulnerabilidad de la población, como estrategia para hacer frente a los efectos del cambio climático, especialmente en las tierras áridas. Los ecosistemas que gozan de salud son más resistentes a los peligros que presentan las alteraciones del clima.


Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon en el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

La degradación de la tierra, causada o exacerbada por el cambio climático, no solo supone un peligro para los medios de vida, sino también una amenaza para la paz y la estabilidad. Los signos de advertencia se observan en el conflicto entre pastores y agricultores de subsistencia, que compiten por tierras más productivas, y en la lucha entre comunidades por unos recursos hídricos cada vez más escasos. Vemos los síntomas de inseguridad en la volatilidad de los mercados mundiales de alimentos, los desplazamientos internos y las migraciones en masa.

Si bien la degradación de la tierra se siente de forma aguda en las tierras áridas del mundo, aproximadamente el 80% de la degradación se produce en realidad fuera de esas zonas. Más de 1.500 millones de personas, en su mayoría pequeños agricultores, subsisten en tierras que se están degradando. El cambio climático amenaza directamente su productividad. En muchas regiones, los recursos de agua dulce están disminuyendo, las zonas donde se cultivan alimentos están cambiando, y el rendimiento de los cultivos está decayendo.

A nivel mundial, se prevé que las condiciones climáticas imprevisibles y extremas tendrán un efecto aún mayor sobre la producción de alimentos. Con la población mundial en aumento, es urgente que trabajemos para desarrollar la resiliencia de todos los recursos productivos de la tierra y de las comunidades que dependen de ellos. Necesitamos administrar la tierra de manera sostenible, evitar que siga degradándose, recuperar la que ha sido dañada y reparar los daños. Más de 2.000 millones de hectáreas de tierra pueden ser recuperadas y rehabilitadas. Necesitamos estimular la adopción de medidas que conduzcan a la recuperación de esas zonas.

La recuperación de la tierra que se está degradando tendrá múltiples beneficios. Podemos evitar los peores efectos del cambio climático, producir más alimentos y mitigar la competencia por los recursos. Podemos preservar los servicios vitales de los ecosistemas, como la retención de agua, que nos protege de las inundaciones y las sequías. Además, un enfoque integral a gran escala de la recuperación de la tierra puede crear nuevos puestos de trabajo y oportunidades de negocio y de medios de subsistencia, permitiendo a las poblaciones no solo sobrevivir sino prosperar.

El lema del Día Mundial de Lucha Contra la Desertificación de este año es La tierra pertenece al futuro, protejámosla del cambio climático. Podemos hacerlo. Así lo han demostrado comunidades en Burkina Faso, el Níger y Malí, que han recuperado más de 5 millones de hectáreas de tierras degradadas. Dejemos que estos y otros ejemplos nos inspiren y protejamos y cuidemos la tierra para esta generación y para las generaciones futuras.

Fuente: www.un.org

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