Víctor Bourguett Ortiz
Durante años se relacionó la eficiencia física de las empresas del agua, casi exclusivamente con las fugas existentes en tomas domiciliarias y en líneas de distribución y conducción, debidas, en gran medida, al deterioro de los materiales de construcción por envejecimiento o mala operación, o por selección e instalación inadecuadas de las tuberías. Hoy se sabe que las pérdidas de agua de los organismos se deben sobre todo a dos causas: ineficiencias operativas y administrativas, y fugas y derrames.
Como su nombre lo indica, las pérdidas aparentes son consumos no registrados, y es por ello que no se consideran como una pérdida real de agua. Al fin y al cabo, ésta se consume sin representar una pérdida financiera al organismo operador. Este tipo de pérdidas es difícil de identificar, ya que su concepción es compleja y depende de la existencia de información de consumo en los sistemas prestadores del servicio. Ello, a pesar de que la cuantificación de consumos es parte fundamental de la razón de ser de los organismos operadores, no siempre se maneja de forma adecuada (sobre todo en aquellos poco experimentados), haciendo más compleja la labor de cálculo de las causas de pérdidas en los propios organismos prestadores de servicio.
Taller sobre medidores ultrasónicos.
(Foto: Roberto Menéndez.)
Otro aspecto relevante en la evaluación de eficiencia de los organismos operadores es la calidad del servicio, definiendo ésta en función de la presión y continuidad del servicio, a la par del tamaño de los sistemas. Se parte de la premisa de que un organismo que ofrece pocas horas de servicio al día, con presiones inferiores a los 15 m.c.a, no puede considerarse eficiente respecto a un organismo que ofrezca 24 horas de servicio al día y con presión suficiente para evitar a los usuarios la utilización de cisternas y tanques elevados.
Bajo estas consideraciones se define que para estimar las pérdidas existentes en una red de agua potable se hace un balance, y a partir de él se calcula una serie de indicadores o “métricas de evaluación de desempeño”, como lo son el porcentaje de agua no rentable, el volumen de pérdida por toma, el volumen de pérdida por km de tubería, el índice de fugas en la infraestructura (ILI, por sus siglas en inglés), y el indicador de pérdidas irrecuperables UARL (Unavoidable Annual Real Losses), indicadores todos que permiten conocer el impacto económico de las pérdidas físicas y el porcentaje de agua que realmente se puede recuperar del total de pérdidas calculadas. Una de las cualidades de este tipo de indicadores es su capacidad de establecer comparaciones entre los desempeños de los organismos, situación que no se puede hacer mediante indicadores tradicionales como la eficiencia física.
El IMTA trabaja en el fomento e identificación de las mejores prácticas que garanticen la mejora continua de la eficiencia de los organismos operadores en México, siempre bajo la consigna de la calidad del servicio y el uso racional y sustentable del recurso. Se definen además parámetros del ILI propios de México, con base en las mejores prácticas identificadas en reducción de pérdidas y operación de sistemas de distribución. Lo anterior con la finalidad de iniciar la cultura de benchmarking de procesos entre organismos operadores eficientes y, con ello, fomentar la cultura de la competencia entre las empresas de agua con niveles operativos similares a los de países del primer mundo.
Por otra parte, el Instituto lleva a efecto un programa de seguimiento del desempeño de esos organismos a través de un sitio web. Se tienen inscritos a la fecha setenta y cinco, en torno a veintisiete indicadores. Cabe aclarar, no obstante, que a la luz de las últimas experiencias, la eficacia del seguimiento depende mucho del contexto de cada empresa, y por ello los indicadores pueden variar en su número de una región a otra. Nuestra función es informar del desempeño a escala nacional y, en su caso, señalar las diferencias regionales.
Práctica de uso de medidores electromagnéticos de inserción.
(Foto: Roberto Menéndez.)
Otra de las actividades que el IMTA desarrolla es generar diagnósticos de desempeño de las empresas de agua y, a partir de ellos, integrar planes específicos de acción para hacer más eficaz la gestión e implementar las acciones específicas para mejorar la eficiencia y la calidad del servicio.
Además, el Instituto, mediante el análisis numérico de las redes, y como parte de sus servicios para mejorar el funcionamiento hidráulico de las mismas y de los acueductos, lleva a efecto la evaluación de los diferentes escenarios de su diseño y operación, para mejorar el desempeño, ahorrar energía, inversiones, mejoras a las políticas de operación, estimar la calidad del agua en diferentes partes de la red y, en general, una mayor eficiencia en la infraestructura. También es posible delinear así esquemas y políticas en cuanto al crecimiento de la red, aplicando la técnica de distritos hidrométricos. Ello implica, entre otras cosas, dividir la red de distribución en sectores aislados y abastecidos independientemente unos de otros.
El IMTA colabora actualmente con empresas de los estados de Baja California, Sonora., Chihuahua, Chiapas y Michoacán, entre otros.