Número 7, noviembre de 2007

 

Nueva tecnología sustentable para tratar las aguas residuales

Marco A. Garzón y Gabriela Moeller

 

Se sabe, y es aceptado oficialmente, que en México la capacidad instalada de los sistemas de tratamiento es muy baja con respecto al volumen de aguas residuales que se generan. Sin embargo, la falta de sistemas no es el único problema al respecto. Otro es la elección adecuada de la tecnología de tratamiento a utilizar, ya que su operación suele ser complicada, y mantenerlas puede tener un alto costo. Muchas de las plantas en servicio no funcionan adecuadamente, ya sea por falta de personal calificado o por falta de presupuesto para su operación, lo cual genera efluentes de mala calidad. Un problema más, que se repite frecuentemente, es la ausencia de drenajes y el uso de barrancas y ríos para evacuar las aguas residuales. En muchas zonas, la topografía, el tipo de suelo y el crecimiento no planeado de las zonas urbanas hace casi imposible la instalación de una red de drenaje de aguas residuales (separada del drenaje pluvial) que las conduzca a una planta de tratamiento.

Esta problemática no es diferente en el estado de Morelos, y lo dicho hasta aquí puede considerarse como una fotografía de lo que sucede en el estado. Ante tal perspectiva, en el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) se ha venido trabajando en diferentes alternativas. Una de éstas es la biofiltración sobre materiales orgánicos, tecnología de punta desarrollada principalmente en Canadá por el Centro de Investigaciones Industriales de Quebec (CRIQ), y que recientemente ha comenzado a entrar en los Estados Unidos de América y algunos países de Europa. Se trata de sistemas de filtración del agua residual que utilizan como material de empaque elementos orgánicos como maderas y fibras leñosas, mismos que actúan como una resina natural capaz de fijar ciertas sustancias contaminantes y de favorecer la implantación de ciertos microorganismos capaces de degradarlos.

En Canadá, esta tecnología se usa a escala industrial desde 1998 para tratar diferentes tipos de aguas residuales: sanitarias y municipales; de la industria agroalimentaria en un rastro avícola, y en granjas porcinas y vacunas. Para cada caso se hace un diseño específico (traje a la medida), tomando en cuenta la contaminación del agua y los parámetros de descarga de las normas. En todos los casos se remueven eficientemente la materia orgánica (DBO5), los sólidos suspendidos totales (SST), las grasas y aceites (G y A), el nitrógeno (NT) y ciertos microorganismos y otros indicadores de patogenicidad (coliformes fecales, totales y huevos de helmintos).

Esta tecnología presenta notables ventajas, como son:

  1. Bajo consumo de energía eléctrica, la cual representa el mayor gasto en una planta de tratamiento mecanizada, como lo es el sistema convencional de lodos activados.
  2. Operación y mantenimiento de rutina muy simples y con poca demanda de tiempo para su atención, dado lo cual puede ser atendida por los mismos usuarios del sistema o por una persona sin conocimientos especiales, y
  3. Área reducida, en contraste con otros sistemas no convencionales de bajo costo, como los humedales o las lagunas de estabilización (los biofiltros ocupan el 25% del espacio).

En México, el IMTA ha trabajado de manera conjunta con el CRIQ para adaptar e impulsar la implementación de esta nueva tecnología, buscando los materiales orgánicos de la región que sirvan de empaque o medio filtrante y ajustando los parámetros de diseño y operación a las condiciones ambientales de zonas cálidas. El trabajo del IMTA ha permitido demostrar que las aguas residuales municipales tratadas por biofiltración sobre materiales tropicales tienen una calidad que cumple ampliamente con los límites de descarga de la norma NOM-001-SEMARNAT-1996; cumplen, incluso, con los límites más exigentes permitidos para las descargas en ríos y cuerpos de agua con protección para la vida acuática, o los exigidos para el reúso del agua para riego de jardines y áreas verdes. Recientemente, el IMTA llevó a cabo la instalación de un primer sistema de biofiltración para el tratamiento de aguas residuales sanitarias en las instalaciones de la Secundaria Federal No. 2 “Francisco Bocanegra”, de Cuernavaca, Morelos. Este proyecto forma parte medular del Programa de Saneamiento y Recuperación de la Barranca del Río Tembembe (afluente, éste, del río Apatlaco), que coordina el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México. Para la construcción e instalación del sistema, el Patronato de San Antón participó junto con las instituciones involucradas. La planta de biofiltración se djiseñó y construyó para dar servicio a una población estudiantil de 1 300 usuarios, con una capacidad de 0.25 L/s. Este sistema ya se encuentra en operación.

Actualmente se planea construir un sistema igual para tratar aguas residuales domésticas en la comunidad indígena de Cuentepec, municipio de Temixco; este último tendría una capacidad de 1.5 litros por segundo.

 

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