Número 7, noviembre de 2007

 

Tabasco, el drama del agua

Por José Luis Martínez Ruiz

Esta lluvia, esta lluvia quién sabe por qué.
Tanta agua repitiendo lo mismo.

José Carlos Becerra.

 

El entorno

La población de Villahermosa afrontó la amenaza del río organizándose para oponer a su fuerza la tradicional barrera de sacos de arena. (Foto: José Luis Martínez.)

Tabasco mantiene una intensa hidrodinámica natural, entre la que resalta la prolífica biodiversidad de sus diversos ecosistemas, manifiestos en sus lagunas, esteros, ríos, albuferas, pantanos, selvas, serranías y costa. Es relevante considerar que el escurrimiento promedio que ocurre en la región hidrológica Grijalva-Usumacinta representa la tercera parte del total del que el país dispone. Dicha realidad acuífera se expresa en las caudalosas avenidas fluviales y  en los múltiples cuerpos de agua del estado, mismos que cubren el 25% de los 25 267 kilómetros cuadrados de su superficie territorial.

 Por su alta precipitación, cuyo promedio anual es de 2 750 mm, pero que en el municipio de Teapa puede alcanzar hasta los 4 550 mm (CNA/INEGI, periodo 1961-2003) en Tabasco existe una intricada red de cuerpos hídricos en continua transformación, la cual cada año provoca crecientes sobre todo en la partes bajas de la planicie, o sea la mayor parte de la entidad. Para completar este panorama, hay que recordar que Tabasco tiene un litoral costero de 183.86 kilómetros. Debido a ello se tiene un flujo variable entre el agua dulce y la marina, que hace que en el periodo de secas el agua del mar invada las zonas costeras y que en época de precipitación pluvial (mayo-enero) domine el agua dulce, propiciando que la biodiversidad de los ecosistemas se enriquezca.

Una de las primeras ayudas gubernamentales fue la presencia del Ejército Mexicano, que colaboró tanto en el levantamiento de los bordos de arena como, después, en el rescate de damnificados. (Foto: José Luis Martínez.)

Los cauces fluviales pueden alterarse de manera natural, pero también son susceptibles de modificación antropogénica. A partir de la segunda mitad del siglo XX se inicia en Tabasco una política hidráulica orientada al aprovechamiento productivo y al control de sus recursos hídricos. Con ese propósito se hicieron, fundamentalmente, obras para el control de inundaciones, drenaje y desagüe en la región del bajo Grijalva, a cargo precisamente de la Comisión del Río Grijalva. Esto dio origen a proyectos de desarrollo agrícola, conocidos como el Plan Chontalpa y, en la región del río Usumacinta, el Plan Balancan-Tenosique. Independientemente de las limitaciones, logros o fracasos obtenidos por estos planes, es relevante señalar que tales obras hidráulicas han alterado la hidrodinámica fluvial de Tabaso. También hay que apuntar que el crecimiento urbano no siempre ha tomado en cuenta el impacto hidrológico que pueden ocasionar las construcciones, y que lo mismo ha ocurrido con la infraestructura petrolera. También son de considerarse los asentamientos irregulares en zonas bajas, que históricamente son susceptibles de sufrir inundaciones, como en algunas colonias periurbanas de la ciudad de Villahermosa cercanas a los márgenes de los ríos Grijalva y Carrizal.

No debe olvidarse, además, que durante los siglos XIX y XX,  debido a una intensa explotación de las maderas preciosas, como el cedro y la caoba, y con el avance de la ganadería extensiva en los años 40, Tabasco vio reducida la mayor parte de su selva original. Hacia la década de los 80 se contaba con tan sólo el 7 % de aquella superficie. (Campos 1982:171).  A esto hay que sumar la construcción de cuatro presas hidroeléctricas que controlan al río Grijalva, cuyo nombre en Chiapas es Mezcalapa: Angostura, Chicoasén, Mal Paso  y Peñitas. Su operación hidráulica, en especial la de la última, repercute en los niveles de los ríos y lagunas del estado de Tabasco. Ello implica una alta responsabilidad técnica, ambiental, económica y social en el manejo del agua.

 Es en este contexto que se da la inundación más catastrófica de que se tenga noticia en la historia de Tabasco.

Recuento

El cielo se cubre de nimbus, el mar, removido de arriba abajo, levanta sus olas encrespadas a espantosa altura; las nubes pasan velozmente, abandonando parte de sus vapores sobre la llanura selvática de Tabasco y van a resolverse por completo en copiosa y no interrumpida lluvia, en los flancos de las montañas, expuestos a la acción directa del viento, y cuya atmósfera se mantiene en el punto de rocío; los ríos, no pudiendo el gran volumen contener del agua salen por las puertas de los valles, salen de madre, e inundan el llano tabasqueño...

Ing. José N.  Rovirosa.

Finalmente, después de 3 días de lluvia intensa y el desfogue de la presa Peñitas, el cauce sobrepasó el muro de arena levantado por la población (en el extremo izquierdo de la imagen), e inundó toda la ciudad. (Foto: José Luis Martínez.)

Sumado a las precipitaciones anteriores, que ya habían ocasionado que varios poblados estuvieran afectados por inundaciones, el 28 de octubre del presente año entró en Tabasco el frente frío numero 5. Éste sería el inicio de un nuevo temporal que caería sobre la cuenca dominada por los caudalosos ríos del Usumacinta y el Grijalva. Para ese entonces, la Conagua ya había comunicado a las autoridades del gobierno de Tabasco el estado de alerta ante el mal tiempo por venir. El Plan DN-III, que el Ejercito Mexicano lleva a efecto para atender este tipo de urgencias, estaba ya operando. Por otra parte, el gobierno del estado, a través de los medios masivos y grupales de comunicación, había alertado a la población en riesgo de inundarse para que desalojaran sus casas. De hecho, el río de la Sierra se había ya desbordado y varios poblados se habían “ido a pique”. Los principales periódicos locales mencionaban que la gente estaba con el agua a las rodillas. Se informaba de las localidades más afectadas por el río de la Sierra: los poblados  del Monal, Gaviotas Sur, Torno Largo Primera y Estanzuela, entre otras más (Tabasco Hoy, 28-10-2007). En la comunidad Monte Grande, municipio de Jonuta, 150 familias tuvieron que abandonar sus casas e irse a un albergue a causa del crecimiento del río Tepetitán (Tabasco Hoy, 28-10-2007).

La Procuraduría Federal de Proteción Ambiental estuvo presente entregando a los damnificados diversos aprovisionamientos. (Foto: José Luis Martínez.)

El desastre hídrico apenas estaba  comenzando. Era domingo cuando volvieron a arreciar las lluvias. El lunes y el martes, las precipitaciones continuaron. El norte, como la gente del sureste conoce a estos fenómenos climatológicos, no cedía; especialmente en el alto Grijalva,  donde se ubica el ya mencionado complejo hidráulico de cuatro presas hidroeléctricas. Para el miércoles 31 de octubre, los caudales de los  principales ríos de Tabasco estaban por encima de sus niveles críticos. En numerosas zonas ya se presentaban desbordamientos. Tierras y poblados empezaron a inundarse, incluidas importantes calles del centro de la capital, no obstante la muralla de costales levantada en el malecón Carlos A. Madrazo, que fue vencida por la fuerza del agua anegando el mercado Pino Suárez, principal centro de abasto popular de la ciudad. Ya para ese momento, el Gobierno del estado y la Federación habían desplegado por todo el territorio tabasqueño sus programas de urgencia.

Para culminar este drama del agua, el jueves todo el malecón había sido vencido y las principales calles del Centro Histórico se convirtieron en avenidas de agua, alcanzando ésta en algunos sitios más de dos metros de profundidad. Del otro lado del Grijalva,  el panorama era desolador: el agua llegó hasta los techos de las viviendas y cientos de familias quedaron atrapadas. Para el jueves por la mañana todo era devastación y dolor. Más del 70% del territorio anegado; más de un millón de damnificados; el centro histórico de la capital, colonias enteras y fraccionamientos inundados; colapsada la base productiva agropecuaria; severas afectaciones millonarias a los sectores comercial y de servicios.

La suma de factores

El agua, con el agua al cuello...
Campesino de  Tabasco.

Llueve lejos, por la sierra.
Llueve a tambor y clarín.
Toro del agua, festín
Corre por toda la tierra.
Carlos Pellicer.

Tabasco siempre ha sufrido inundaciones, pero ninguna había sido tan devastadora como la ocurrida en estos últimos días. Entre los principales factores que sumados determinaron esta tragedia, se han identificado los siguientes: efectos del cambio climático; azolve de los cauces de los principales ríos, agravado por la deforestación de la selva tropical, y precipitaciones intensas en el Alto Grijalva, que rebasaron la capacidad de retención de la presa Peñitas. Esto originó la necesidad de desfogarla a partir del 27 de octubre, alcanzando un  flujo de hasta 2 000 metros cúbicos por segundo, los cuales se fueron reduciendo progresivamente en la medida en que la presa misma podía ser operada con los márgenes necesarios de seguridad técnica. Otros factores fueron los bordos, que no resistieron el embate de los torrentes; el tapón ocasionado por la marea alta en la desembocadura del Grijalva, que no permitió una salida más rápida de las aguas hacia el Golfo de México por la Barra de Frontera; desecación de pantanos  y urbanización en zonas que tenían función de vasos reguladores; infraestructura de Pemex que ha afectado negativamente los flujos hidrológicos; asentamientos irregulares en tierras bajas, que por lo general se inundan en temporada de lluvias; falta de un Plan Hidráulico; carencia de un programa social de prevención de inundaciones, y falta de inversión en estudios hidrológicos y de obras hidráulicas. La confluencia de estos factores sociales, climatológicos, políticos, ambientales y técnicos, provocó que al desfogarse la presa Peñitas subieran aceleradamente los niveles críticos de los ríos, principalmente el Carrizal, Samaria, Mezcalapa, La Sierra y Grijalva, entre los principales que provocaron el devastador efecto al salirse de sus cauces.

Al momento de escribir estas líneas, miles de familias padecen hambre y sed, se encuentran sin hogar y sufren los estragos de la creciente. Muchos de estos tabasqueños, según sus opiniones grabadas in situ, piensan que la situación hubiera podido evitarse de haberse implementado a fondo el Plan Hidráulico delineado en años anteriores por los expertos en la materia.

De nueva cuenta, si en el programa de reconstrucción no se toman en su justa dimensión los factores antes citados, a la vuelta de unos años volverán a ser victimas de un  desastre igual o peor que el de ahora. Es urgente diseñar y aplicar, para la cuenca Usumacinta-Grijalva, un plan hidráulico adecuado a la problemática actual. Los mexicanos hemos contraído un deuda humanitaria por el drama del agua que ha sufrido Tabasco, y no olvidemos que Chiapas también ha sido afectada. Estamos, por ello, obligados a solventarla moral, económica y técnicamente.

El IMTA puso en marcha diez plantas de tratamiento de aguas residuales enviadas por la Fundación Gonzalo Río Arronte y dio asesoramiento a la Conagua local para su operación. (Foto: José Luis Martínez.)

Hemerografía y referencias

Periódico, Tabasco Hoy , 28-10-2007.

Notas de campo y registros audiovisuales tomados en el municipio del Centro, del 31 de octubre al 4 de noviembre de 2007.

 

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